En la imperfeccion esta lo delicioso de la vida

Delicias, pasiones desenfrenadas, amores furtivos, escandalos secretos, heptasentidos. Errores, desamores, decepciones, traiciones, maldades, todos los instintos que llevamos dentro. Instintos que no somos capaces de aceptar. Bienvenido a mi subconsciente...

jueves, 17 de septiembre de 2009

.....Feel....

Recuerdo con exactitud cuando la realidad golpeó, abúlica, mi atormentada e ilusionada imaginación, y como de inmediato respondió esta última apoderándose escabrosamente de la primera, creando un medio de vida con voluntad propia, una realidad quimérica, capaz de hacer y deshacer cualquier hecho en mi vida. Controlando al azar, a la casualidad, al destino, al accidente a todos los nombres que se le podrían poner a los hechos impredecibles que traen una coincidencia consigo y nos hacen pensar que no tienen explicación alguna, aunque todos estos la tengan.

La oscuridad alumbraba, sintiéndose mi salvación, el ambiente melancólico. Las lunas de cristal lloran, la lluvia turbia forma sus lágrimas, agua dulce de sabor salado, sabor que empalaga, que desespera, y con el tiempo, mata. El caldo de recuerdos no dejaba de hervir en mi mente y mi ciega mirada no paraba de contemplar el majestuoso vacío de lo que era mi habitación.

No había luz alguna que matara a mi preciada oscuridad, a mi salvadora. Miedos, miedos y mas miedos, el mas grande sentirme sola. Mi soledad, mi verdugo. La oscuridad, mi salvación. Cuanta más luz haya en esta buhardilla mas podré ver, y al ver no veré nada, sobretodo a nadie. Mientras mas oscuro este menos veré y así me mentiré otra vez para poder creer en lo que mis ojos no ven, entonces inventare que mi agobiante soledad no está. Solo para creer que mi alma está acompañada de animas que jamás existirán.

Sin embargo esta salvadora, cuchillo e doble filo, solo me llevó a la perdición.

Los matices oscuros llenos de gloria camuflaban bastamente el vacío al que tanto temía. El piso de la habitación se desplegaba poco a poco con cada suspiro que de mi garganta dolorosa salía. Las ansias dolían, los nervios no servían, estaba nublada, vacía, sintiendo como las tripas se retorcían causando un placentero dolor que no solo aplastaba mi vientre si no que también me incitaba a crear placeres para contrarrestarlo.

Las sabanas se deslizaban suavemente, heladas neutralizaban la temperatura de mi ardiente piel. Pellejo que escapa de mí, células que odian su cotidiano dolor, el dolor de no sentir. El odiar sentir frío me hace desear calor, pero al sentirlo lo odio también. ¿Odio? No, no odio, no se odiar. Para ello tendría que amar y tampoco lo hago. Amor, odio. Blanco, negro. Igual de opuestos sin uno no existe el otro. No odio solo me aburro, me canso, hostiga. Mis nervios están hartos, hartos de sentir dolor sin heridas, de sentir punzadas sin agujas que las causen, de sentir cortes sin filos que los hagan. Quisiera sentir de verdad no sentir algo, sentir a alguien. Sí, a él.

Siempre supe que estabas ahí.
–Sí, lo sé –murmuró casi en silencio.
No pude escuchar muy bien el bello matiz de su voz, mis oídos, sordos de tanta belleza no sintieron más que las ínfimas notas de un susurro tan escalofriantemente deseado que llegaba a extasiar. Ya estaba amaneciendo y con el sol, su rostro, que se confundía en la oscuridad, iba perfilándose lentamente. Con el pigmento de la luz y la formación de sombras al igual que un amanecer su rostro fue embelleciéndose.
Las sombras de la comisura de sus labios, aquellas que resaltaban sus pómulos, el mentón, la nariz formando una bella obra de arte. Era como haber vivido cautiva en completa oscuridad, pudiendo ver la luz pero solo en mente, deseándola, imaginándola desde lejos, viéndola sin poder estar bajo ella, sin sentirla y de repente ver como se acerca a ti reemplazando, a la oscuridad en la que te envolvías, por un cálido color, derritiendo la gélida sensación la luz cobró vida. Así, iba aclarando el amanecer hasta que lo vi.

Una ráfaga helada de viento entonces se inmiscuyó por debajo de las sabanas e hizo temblar a mi piel con aquella sedosa caricia, envolviéndome y a su vez adormeciéndome en la majestuosidad del sentir. Entonces un fuerte sonido que irrumpió drásticamente mi sosiego, hizo temblar todo a su alrededor, con dificultad pude atisbar a través de la mampara, a una sombra gris en la penumbra.
Era él, el demonio con el que tantas veces había soñado, Javier, se acercó rápidamente. Matías reaccionó de inmediato, se puso de pie y con tranquilidad lo miró, despreciando la absurda identidad de quien estaba en frente suyo.
Sobre mi cama observando impávida, gracias a mi lenta asimilación de datos por el recién despertar. Observe con cautela incrédula ambos cuerpos, adaptados cada uno a la realidad, de carne y hueso. Empecé a culpar a mi traviesa imaginación, una y otra vez me repetía mi conciente que no podía ser real, nada lógico lo indicaba. Sin embargo, mi otro lado, mi subconsciente, me decía todo lo contrario. La lucha entre ambos lados se mantuvo durante segundos hasta oír la bella voz de uno de ellos.
– ¿A qué vienes? –dijo Matías tranquilamente.
Fue ahí que la lógica en la cual me basaba fue vencida y el orden propuesto durante muchos siglos se desequilibró. Había ganado el lado menos pensado, todo, absolutamente todo contribuyo para revolucionar, esa mañana, mi mundo.
–Nada, estos problemas no te conciernen, Moses –replicó Javier con la misma serenidad.
–Moses, cierto ese era mi nombre, cuando era un ángel. Hazme un favor y retírate Javier no deseo problemas –dijo Matías señalando la mampara abierta.
–Te haré caso –sonrió con altivez-. Solo por hoy –añadió. Pero sabes el porque de mi presencia, me la tengo que llevar y no harás nada para impedirlo, tú lo sabes mejor que nadie o se va conmigo o muere –continuó respetando el ritmo de sosiego.

No duró mucho el tiempo en que asimilé las palabras: “Me la tengo que llevar”, “se va conmigo o muere”. El balde no de agua fría, ni de agua hirviendo, el balde lleno de cremolada de acido cáustico cayó lenta y sigilosamente sobre mi piel quemando todo lo que acariciaba y dejando esa sensación de ardor en el cuerpo. El miedo no demoró en decir sus líneas en esta bella escena de la gran obra teatral protagonizada fielmente por mi, producida por la misma y en la cual la victima inagotable, ya sea por afición y/o involuntario, era al igual que en las anteriores, la misma, yo.
–¿Qué… qué… significa eso? –dije asustada mientras atónitas del susto mis cuerdas vocales entrecortaban cada fonema aterrado por la necesidad que los creó.
–Nada Is.-respondió Matías algo alterado cambiando el tono de voz-. Javier no vuelvas y no te acerques a ella.
– ¿O qué? –Javier se acercó velozmente hacia mí-. ¿Qué me vas a hacer Moses? Ya no eres un ángel, no puedes protegerla –dijo acariciando mi rostro con sus manos pálidas y frías, arrullándome de nuevo con su gélido y delicioso aliento, recordándome, con su sencillo ademán, aquellos días lejanos en los cuales mi corazón le pertenecía.
–¡Ya lárgate! –gritó Moses desafinando en el concierto de emociones ecuánimes. Javier volteó me sonrió mostrando sus blancos dientes y mientras con su mirada me mostraba lentamente su seducción, desapareció.

La presencia de Javier solo significaba una cosa; los demonios y los ángeles me buscaban es decir: Me querían muerta.

Empecé a reproducir esta última escena en mi mente, una tras otra las palabras se cobraban emociones en mi. No creí que un simple conjunto de fonemas tuviesen el poder de hacerme sentir de esta manera, bueno lo sabía pero no tuvo transcendencia alguna hasta en ese momento. Nunca había sentido la muerte involuntaria tan cerca, era un miedo inmensurable. Era yo, ya quemada por todo el balde de ácido, pero ahora sumergiéndome en una tina llena de alcohol, sin poder respirar, sin abrir los ojos, sin gritar por todo el dolor que me causaba, sin oír, sin oler y lo más doloroso sin poder morir en ese preciso instante.





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1 comentario:

  1. SACAR BELLEZA DE ESTE CAOS ES VIRTUD...(8) VIENTO golpea suavemente mi rostro con tu brisa...(h)

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