En la imperfeccion esta lo delicioso de la vida

Delicias, pasiones desenfrenadas, amores furtivos, escandalos secretos, heptasentidos. Errores, desamores, decepciones, traiciones, maldades, todos los instintos que llevamos dentro. Instintos que no somos capaces de aceptar. Bienvenido a mi subconsciente...

domingo, 20 de septiembre de 2009

"La promesa"

La promesa más importante al igual que el anillo, rotos, ambos quebrados por aquellas sensaciones llenas de dolor, inseguridad y temor a la vida. Santiago al ver esto se desplomó cayendo de rodillas, apoyándose en sus brazos que estaban totalmente rígidos, inundó el suelo de aquel líquido que expresaba, con aquel salado sabor, su dolor y esas inmensas ganas de acabar con su vida. Él no lograba entender lo que realmente pasaba, lo que alguna vez fue el comienzo de su posible felicidad, se convirtió en su tan esperada agonía. Ya en el suelo con el rostro pálido sin señal de vida alguna se resignó a hablar como el silencio, desesperando con aquel ruido a los fantasmas que quedaron de aquella masacre dada en el lado más oscuro de sus sentimientos.
Con el cuerpo totalmente destrozado, se dignó a levantarse sabiendo así que ya estaba muerto, no tan muerto como aquellos cadáveres empotrados en el cementerio pero tampoco había diferencia alguna de cuán vivo estaba.

A su lado una joven, casi hecha una mujer, observaba aquella autodestrucción entre un hombre y sus sentimientos. Ella había recibido aquel sobre con las pulseras, ambas de mucho significado y por supuesto aquella promesa materializada en ese aro que aparentaba algo sin valor. Aún así, poseía para Santiago más valor que su vida y la de cualquiera. Ella recibió el sobre días antes de aquel hecho, se lo entregaron una mañana, al igual que Santiago, reaccionó de una forma doliente y extraña, solo que supo ocultarlo, sus sentimientos no eran tan dominantes como los de Santiago. Supo tranquilizarse y esconderlos en aquella máscara de una hipócrita indiferencia pero con aquel toque de importancia y dolor.

-Toma esto es para Santiago-le dijo la otra muchacha, Ana, la responsable de la lucha que se daría dentro de Santiago y posiblemente de aquella joven ya casi mujer, Isabel.
-¿Qué es?-le pregunto Isabel, con aquel sabor amargo y aquel calor en la boca que quema y hace que ardan tus intestinos como si los estuviesen asando.

A su vez sintiendo aquella corriente totalmente fría, lenta, y potente como un rayo, que se tiene al presentir algo que sabes que va a ser desagradable. Ella con todo ese sentimiento mas aquellas náuseas, rezagos de una enfermedad; abrió sin importancia el sobre. Sabiendo así que algo iba a pasar trató de aparentar que no le interesaba. Al ver lo que el sobre hecho a mano encerraba en su boca aparentemente marchitada, como el papel con el que estaba hecho, sintió esas punzadas que le indicaban temor, dolor, y una especie de agonía sentida solo al recibir un choque no físico, un choque de sentimientos contra el alma hecha pedazos.

Al instante se derramaron, como huyendo de aquel dolor que no querían causar, las bolitas de la pulsera celeste que Santiago le había regalado a Ana, según ella, él se la había arrancando de la muñeca en un momento totalmente confuso para ambos.

-¡¡Isabel!!- se oyó un grito desesperado de parte de Ana.

Isabel aún pensando en lo que pasaría y a la vez en otra dimensión en la cual no había pasado el tiempo, reaccionó y de inmediato se puso a buscar aquellas bolitas sin éxito alguno; todo a medias como Isabel solía hacerlo. Luego se sintió más culpable que nunca, ya acostumbrada y por una posible inercia empezó a insultarse.

-Siempre lo haces-le dijo Ana.
-Es lo único que hago bien-le respondió irónicamente.

No lo pudo entender, en ese momento solo quería formar parte de una dimensión llamada realidad, pero sabía que con un deseo no iba a lograr nada, de nuevo esa sensación, las tripas se contrajeron su respiración se aceleró, el corazón bombeaba tan rápido que se podía sentir como se unían aquellos latidos al igual que unos puntos para formar una sola línea y así se formó un sonido un latido infinito que escabrosamente se apoderaba de su pobre cuerpo, sonido que ni al demonio le hubiese gustado escuchar. De nuevo su cuerpo no soportó más aquella afición por el suelo y por acción del peso más la sorpresa que acababa de recibir, calló.

-Ayúdame-replicó mirando a la mujer que estaba en esa habitación.

Isabel apresurada lo miró y se sumergió en aquel ambiente tan fuerte y cargado de tristeza para ayudar a Santiago a levantarse.

-Gracias-le dijo Santiago.
-De nada, por algo estoy aquí-respondió Isabel con una sonrisa de la cual se notó la huída de la poca razón de su existencia.
-No lo entiendo ¿Qué significa esto? ¿Por qué de esta manera?-Santiago solo se preguntaba, mientras Isabel analizaba, o trataba de, la situación.
-Tengo ganas de vomitar-Isabel se dijo entre dientes, maldiciendo aquella promesa que hizo con Ana.
-Deja de pensar en eso solo respira o toma agua, es bueno-dijo Santiago aún perplejo, sabes que estas enferma y no debes vomitar.



Sola y a su vez acompañada, por aquella presencia misteriosa, inmersa en sus pensamientos, Ana, solo se censuraba como de costumbre en su habitación,”Ya deja de hacerte eso por favor no creas en lo que te dicen, no si sabes que solo quieren hacerte daño.”
-¿Isabel, por qué aún así sabiendo que no estoy bien y que te hago daño sigues aquí conmigo?-se dijo Ana recordando las palabras de Isabel.
-Porque te quiere-le respondió esa presencia, Matías-Y no desea verte mal, al igual que tu no lo deseas para ella y lo sabes.

Aturdida recordó aquella mañana en que le entrego ese sobre, después de tanto recordar se sintió culpable y peor, creyó que era una basura pero solo quedó ahí, en su mente. La única persona que realmente podía mejorar todo esto no existía no estaba presente o no se percataban ellas de su presencia.

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